Cualidades como alta resistencia a la corrosión y a la humedad, maleabilidad y baja densidad, hacen de este insumo una buena alternativa en acabados y aleaciones para la construcción.
El aluminio, metal no ferromagnético, se posiciona entre los más abundantes en la corteza terrestre, de donde es extraído. Su característica capa, que lo protege contra el óxido y el agua, es un aislante significativo en contra de la acción atmosférica, valor que lo ha destacado por encima de materiales como el hierro.
En qué implementarlo y en qué no
Introducir el aluminio en un proyecto es una elección que debe ceñirse a la aleación correcta según el uso. José Luis Gómez, gerente general de Ci Vitral Ltda., explica que “entre las aleaciones correspondientes al sector, encontramos la 6063 T5, perfilería de aluminio para uso arquitectónico que demande acabado superficial; la 6061 T6, perfilería de aluminio estructural que no demande buenos acabados, salvo pintura, y la 6005 T6, perfilería de aluminio estructural, que demande acabados para uso arquitectónico”. El aluminio, generalmente, es utilizado para el proceso de acabados en estructuras, sin embargo, al ser mezclado con otros elementos, ha adquirido mayor resistencia, que le han permitido competir en otros campos.
Gómez agrega que “por ser un material no contaminante, que soporta gran variedad de formas y usos, su agradable apariencia lo hace muy atractivo, además de su resistencia y longevidad, reemplazando a otros materiales como la madera, el hierro y el plástico”.
Innovación y responsabilidad en acción
El campo de acción del aluminio es amplio, ya que el mercado exige estructuras más livianas pero muy sólidas. “La construcción ha demandado a la industria metalúrgica del aluminio ampliar la gama de aleaciones con las que ya hoy en día se pueden desarrollar productos como perfiles, tubería, láminas, chapas, entre otros, que en algún momento de la historia eran impensables en aluminio, pero que hoy sorprenden al usuario final”, agrega, Jaime Gamboa, ingeniero metalúrgico y director en planeación de proyectos.
Uno de los pasos en el que el aluminio lleva la delantera es el mejoramiento de su proceso de transformación, en el cual la industria ha logrado disminuir el gasto energético para alcanzar estándares más eficientes.
Estos avances no sólo van a favor del producto; también aportan a las buenas prácticas ambientales, que se destacan desde su origen; al no ser contaminante, por ende, reciclable, sin dejar de ser resistente y adaptable a diversidad de usos.
Su proceso de reciclado es uno de los componentes más importantes de este material, ya que consume una cantidad inferior a la utilizada para producirlo inicialmente, y, debido al alto consumo de este insumo, se hace muy rentable. El aluminio que es tratado por medio de este proceso a pesar de no perder sus cualidades originales es denominado como secundario. |