En la primera semana de octubre, la ministra de Vivienda, Beatriz Uribe Botero, anunció que su despacho sancionaba de por vida a 120 constructores por incumplir con la ejecución de varios proyectos de VIS, que estaban a cargo de estas empresas desde el año 2003. Entre los motivos que tuvo el Ministerio para ejecutar esta sanción se cuentan demoras injustificadas en el desarrollo de los proyectos, parálisis en las obras, uso de materiales de mala calidad, el no cumplimiento de normas técnicas de construcción y, en algunos casos, la desviación de recursos. Los proyectos de VIS que estaban a cargo de estos constructores ascienden a un monto de 60 mil millones de pesos, por lo que se debió recurrir a las aseguradoras para que las mismas desembolsen los recursos para finalizar estas viviendas. Es lamentable que en el sector haya empresarios que sigan apostándole a caminos cortos y a prácticas amañadas para lograr su solvencia económica con recursos que están destinados a facilitar el cubrimiento de una necesidad básica para millones de colombianos: un techo digno donde vivir. Si bien es cierto que la VIS no es el segmento del negocio que más utilidades genera, para quien se compromete a desarrollar este tipo de proyectos, y que los trámites pueden ser más demorados y arduos en comparación con los que exigen otras obras, no existe justificación alguna para buscar ganancias o tan siquiera un punto de equilibrio a costa de que se usen materiales de mala calidad, se incumplan las normas o se desvíen recursos; pues no se trata solo de cemento o ladrillos; están en juego vidas humanas y años de trabajo de miles de familias que se han esforzado durante décadas para ahorrar cada peso que les permita tener una vivienda propia. Por ello, el llamado es a que como caballeros, los constructores siempre cumplan sus palabras y sus promesas. Es claro que la mayoría de quienes hacen parte del gremio cumplen con su palabra y entregan a tiempo y con la calidad prometida sus obras. Pero esa minoría que aún ve esto como una simple vía para aumentar su patrimonio a costa de lo que sea, debe pensar en que, como su nombre lo indica, son proyectos sociales, lo que implica una responsabilidad aún mayor y la evidencia de que si engaña o estafa a uno de estos compradores puede que esté enterrando para siempre todo el patrimonio de una familia, que ha invertido casi toda su vida para lograr algo propio. Como dice la creencia popular: si sabe hacerlo bien, hágalo; si no lo sabe hacer, entonces deje que los que sí saben lo hagan; y ese saber hacerlo incluye respeto, honestidad, calidad y cumplimiento de su palabra. |