El país debe aprender de la presente ola invernal que las obras y proyectos se deben desarrollar con responsabilidad y compromiso social para evitar tragedias futuras.
De Colombia siempre se ha dicho que es un país que no tiene memoria y que sufre de una amnesia terrible sobre su pasado, por lo que tiende a repetir sus errores. La política ha sido tal vez el campo de mayores ejemplos sobre estos refranes populares, pero hay muchas otras actividades de la vida nacional en que la misma filosofía se aplica.
Con los dos embates invernales que el territorio nacional ha recibido –primero a finales de 2010 y luego desde que inicio abril de 2011- los colombianos estamos en la obligación de dejar a un lado las lamentaciones y las acusaciones que apuntan hacia todos lados, para ver en esta tragedia la oportunidad de reconstruir una nación con cimientos y estructuras sólidas.
Si bien es cierto que muchos de los daños causados por las lluvias no se podían prever al momento en que los inmuebles afectados apenas se construían -pues la ola invernal actual es la peor sufrida por Colombia- también es claro que muchas de las pérdidas que hoy se registran en distintos puntos del territorio nacional se hubieran podido evitar si desde el inicio de la planeación y ejecución de los proyectos, se hubieran evaluado a conciencia todos los aspectos ambientales, de suelo, de estructura, de utilidad y desempeño de los materiales y, sobre todo, se hubiera hecho especial énfasis en la seguridad de quienes allí iban a habitar y que hoy no tienen un techo donde cobijarse.
Es claro que gran parte de las pérdidas se han generado en obras de infraestructura que son responsabilidad del Estado y que este es el primero que debe emprender las soluciones para que el país recupere su movilidad, y para que las actividades económicas que se ven afectadas no vayan a la quiebra, pero también hay responsabilidad de diseñadores, contratistas, interventores.
En los proyectos que tienen que ver con el sector privado, las responsabilidades recaen sobre las empresas que los han desarrollado y que han dejado algunos o muchos cabos sueltos, simplemente por creer que allí no es importante cumplir con este o con aquel requisito o simplemente por la pereza de hacer trámites que pueden ser engorrosos, pero que en una coyuntura son la piedra angular del éxito y seguridad del proyecto.
Por eso el llamado es a que se construya con responsabilidad, cumpliendo las normas, pero sobre todo, con compromiso social; que no se piense simplemente en hacer lo que toca, sino en trabajar con pasión y como si cada proyecto fuera desarrollado para sí mismo.
La estrategia no es remediar los daños luego de que se producen, sino trabajar en planes responsables para evitar que estos se presenten, porque como dice mi abuela: “del afán no queda sino el cansancio”. |